¿Fuente? ¿Pero qué me estás contando? ¿Me tomas por idiota? Pero si es un urinario!! Arte? Deja de tomarme el pelo.

Probablemente “Fountain, 1917”, haya sido la obra más influente del siglo XX. La pieza se presentó a la Sociedad de Artistas Independientes de Nueva York para ser incluida en la exposición anual de 1917. Marcel Duchamp era en ese momento el director de la Sociedad y miembro del comité organizador de la exposición. La obra original despareció (parece ser que se destruyó por alguno de los enfadados miembros del comité) zanjando la discusión sobre si tener que exponerla o no. Tenemos constancia de ello gracias al fotógrafo Alfred Stieglitz, que tomó una foto del objeto en discordia, si bien también se cree que fue la fotografía de una réplica hecha unos días después.
La idea inicial de Duchamp era poner en evidencia el talante estirado, ávaro y especulativo de muchos directores de galerías y museos, cuestionando el criterio para decidir lo que se puede (o no) considerar arte. Según Duchamp, es el artista el que debe decidir sobre este punto (junto con el paso del tiempo), y no encorsetados “conocedores” del arte dictando las reglas del buen gusto.
A su vez, Duchamp creó la idea de las “ready-made” esculturas, manejando el concepto de que un objeto cotidiano puede convertirse en una obra de arte. Y es que para Duchamp la importancia no está en el objeto, sino en el concepto que recoge y ahí es donde se encuentra la verdadera innovación de las ready-made.

En esta línea, encontramos el teléfono-langosta de Dalí, que realmente buscaba asociaciones completamente enfrentadas a la lógica, o su zapato escultura en el que te encuentras un vaso, una cuchara o una caja de fósforos formando parte de una misma pieza.

Otro de los máximos exponentes del uso de objetos cotidianos fue Andy Warhol, que con su pop art, logró elevar a la categoría de arte el uso de productos comunes y fuertemente arraigados en la cultura popular americana. Tal es el caso de la sopa de tomate Campbell o las cajas de jabón Brillo. Posteriormente hemos visto a muchos otros artistas utilizar objetos cotidianos como elementos recurrentes de arte. Bananas, botellas de coca-cola, chapas, botellas de cerveza…la lista es interminable.

Y entonces, ¿qué ocurre? ¿Nada de lo anterior puede considerarse arte? ¿Estamos hablando de un timo? No. No creo que sea esto. El arte moderno y contemporáneo es el reflejo de muchos de los grandes logros del ser humano en el último siglo.

Es verdad que muchas de las obras creadas a lo largo de estos años no resistirán el paso del tiempo. Pero también es cierto que muchas de las grandes obras que actualmente consideramos “masterpieces” en su momento pasaron completamente desapercibidas.
Y es que creo que la clave para entender el arte moderno no es contestar a la pregunta de si una obra de arte es buena o no. Es entender su evolución desde Leonardo hasta nuestros artistas contemporáneos. La historia del arte es una gran serie (tipo Juego de Tronos) en que cada movimiento ha representado una forma de entender la pintura. Enfrentamientos, corrientes, intrigas, favoritismos, fracasos. Entender el porqué de un movimiento artístico, el valor de una obra en su entorno político y económico, la lucha contra la soledad y la pobreza de algunos artistas, los hándicaps físicos de determinados pintores al crear sus cuadros, la pelea de los artistas emergentes por hacerse un hueco en el imaginario colectivo. Estas son, entre muchas otras, las grandes preguntas que nos debemos hacer al acercarnos al mundo del arte.

 

De igual modo, a la hora de comprar arte, no te dejes guiar por el precio. Cuadro barato no significa cuadro malo. De igual forma que cuadro caro no significa calidad. Grandes obras del mundo del arte se han vendido por cantidades insignificantes. Galería Sara Caso te acerca a una selección de artistas contemporáneos y de obras originales a buen precio.

 

Galería Sara Caso.