Después de algunas curvas empezó a cambiar
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El punto de partida de esta obra es el deseo de habitar un paisaje interior, un lugar simbólico donde convergen el recuerdo y la materia. No se trata de representar el paisaje, sino de evocarlo, de reconstruirlo desde la sensibilidad y la memoria afectiva.
Los territorios que creemos naturales son, en realidad, producto de narraciones colectivas, mitos y estructuras de poder que definen cómo los percibimos y los habitamos.
La fragmentación visual de la obra hace alusión a la memoria, los recuerdo se reconstruyen siempre a partir de fragmentos. Estas imágenes fragmentadas
hacen referencia, a su vez, al cómic y a la viñeta y se introduce un componente narrativo: cada
fragmento funciona como un episodio visual de una historia mayor, sugerida pero nunca contada del
todo.






